Formosa Hermosa

Si uno tuviera que sintetizar una idea sobre Formosa podría decir que es una sinfonía de sonidos. Porque adonde se vaya, incluso en la capital formoseña, las aves son un eje indiscutido de su atractivo. Desde la costanera en plena capital, que acompaña durante seis kilómetros al río Paraguay hasta en el extremo oeste de esta provincia, la región del Gran Chaco Sudamericano se ofrece a los sentidos. Sus palmares, montes, pastizales, bañados y esteros invitan a sumergirse en su naturaleza. Y sin dudar, a cada paso, desde un niño hasta un anciano, le señalan al visitante las aves que pueblan la región.

Los clásicos horneros, cardenales, espátulas rosadas, teros comunes o reales, bandurrias, sirirí, tordo, benteveo, carpinteros, pacaá y el sorprendente “brasita” de tan sólo 14 centímetros, de un rojo furioso, o el favorito, jabirú, que aquí le llaman yulo, las cigüeñas más grandes de este continente marcan el ritmo de la biodiversidad.

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