Yasy Yateré, el ser mitológico que rapta a los niños

Es el cuarto hijo de Taú y Keraná en la mitología guaraní. Suele ser representado como un enano o un niño pequeño, desnudo, de pelo rubio, que tiene puesto un sombrero de paja y lleva consigo un bastón de oro en el que residen sus poderes mágicos. Se lo conoce por raptar a los niños y niñas que son inquietos y abandonarlos muy lejos de sus hogares. Algunas fuentes sostienen que “Yasy Yateré” es una derivación del nombre original, que significaría «fragmento de luna» en guaraní. Por esa razón, este ser tiene el pelo de color dorado o amarillo. Este personaje tiene fuerte vivencia en las comunidades de nuestra provincia.

El Yasy Yateré atrae a los niños con su silbato o tocándolos con su bastón, se dice, también, que es ventrílocuo, y de ello se vale para atraerlos. Los rapta y los lleva al bosque donde los retiene durante algún tiempo, los alimenta con miel silvestre y frutas, juega con ellos y al fin los suelta o los deja enredados en ysypo (liana), pero los niños ya se han vuelto tontos o idiotas (tavy: akã tavy), mudos (ñe’ engu) o sordomudos; se recuperan después de un cierto tiempo. Se dice, también, que cuando Yasy Yateré, como muestra de afecto besa al chico en la boca, es cuando éste se vuelve tonto y mudo, y entonces lo abandona.

En algunos lugares, la gente cree que en el aniversario del rapto por el Yasy Yateré el niño tiene un «ataque» con convulsiones.

Para ganar la amistad de Yasy Yateré nuestra gente acostumbra dejar un peco de tabaco en los alrededores de la casa o en las sendas de entradas al bosque.

Las madres suelen amedrentar a los niños con el Yasy Yateré, para no escapar de casa durante las siestas, andar por la capuera o el monte a hacer sus diabluras, bañarse en aguas sucias, subirse a los árboles, jugar con hondita y bodoques o municiones, o en fin, para no andar «cabezudeando» durante las siestas.

Cuando Yasy Yateré pierde su bastoncillo y su silbato se vuelve inofensivo, porque perdió su poder mágico. Se cree, también, que una manera de apoderarse de esos símbolos de su poder, es embriagándolo, pues gusta de beber.

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